No sé ni por dónde empezar; si por las paredes llenas mierda o por los ladridos a los niños pequeños…

Cusca es un Parson Jack Russel de casi un año de edad. Yo veterinaria recién licenciada (al borde de un ataque de nervios). A mi perra le diagnosticamos ansiedad por separación a los 8 meses; la he tenido medicada con ansiolíticos sin apenas observar ningún efecto.

No la podía dejar sola en casa puesto que su pasatiempo era saltar contra la puerta hasta no poder más; a estos saltos ya de por si algo ruidosos debemos añadir uno que otro ladrido. Y para terminar unos cuantos pises y cacas bien pisoteados y distribuidos por todo el piso.

En la calle Cusca es una perra muy sociable, le encanta jugar con otros perros y saludar a todo el mundo. Excepto a los niños pequeños a los cuales ladra ferozmente o sale corriendo detrás de ellos como una loca. Felizmente nunca tuve ningún problema mayor y nunca se le ocurrió morder a nadie!.

Los paseos podían llegar a ser algo desquiciantes cuando al cabo de 1 hora de reloj Cusca no se había dignado a orinar ni defecar; aprovechando mis posteriores distracciones en casa para hacerlo!

Después de casi un año de mucha calma, una gran paciencia y una enorme frustración decidí seguir los concejos de mi madre y llamar a un adiestrador. Mi búsqueda empezó en Google donde encontré la página de Manuel y me pareció ser de fiar. La verdad es que meter en casa a un extraño me daba algún respecto. Por otro lado las fotos y los videos donde le había visto me dieron ánimos y la confianza suficiente para llamarle y “rogarle” que me ayudara!.

Las primeras clases las dimos en mi casa. Cusca demostró tener una concentración brillante y fue fácil sacarle partido a través de los premios. El “quieto” era tal vez una de las ordenes más difíciles de conseguir por su carácter tan nervioso. Pero para Manuel todo es un reto y no tardo en domar la pequeña fiera.

Pronto empezamos a trabajar en la calle con más distracciones. Las clases eran bastantes dinámicas, unos días Manuel se traía alguno de sus perros, otras veces quedaba con otro propietario y dábamos clase conjunta. Y no siempre hacíamos el mismo recorrido. Los progresos se notaban de día para día.

Empezamos también a utilizar un collar de impulsos para que acudiera a la llamada. Lo utilizamos dando paseos por el campo y socializándola con otros perros. Al día de hoy apenas le tengo que dar al botón cuando le digo “ Aquí!”. Uno de mis objetivos o deseo surrealista era poder llevar a Cusca sin correa por la calle… y ahora es cuando tengo que bajar las orejas y reconocer que Manuel lo ha hecho posible.

El adiestramiento hizo posible pasear en junto sin correa, sentarla y tumbarla independientemente de las distracciones que puedan surgir.

Además de unos cambios notables en la calle, el comportamiento de Cusca también mejoro en casa. No estando curada al 100% de su patología esta muchísimo más controlada sin necesidad de ningún tipo de medicamento. Hoy disfruto bastante más de la compañía de mi perra que antes. Mereció la pena el esfuerzo.

Una de las cosas más importantes que aprendí del adiestramiento es que podemos hacer con nuestro perro lo que queramos, solo tenemos que saber cómo hacerlo! Y como sacarle el mayor partido posible. Por fin, el perro no tiene días malos, los dueños tenemos días menos buenos…

Muchas gracias Manuel!!!

Sofia y Cusca